Entre la cafeína y la pared
Algo muy literal es lo que siento, muy mórbido cuando voy por el pasillo cantando y estoy por estrellarme contra la pared, por quebrar mi taza y derramar el café en toda la alfombra de la oficina. Algo muy siniestro ya sé en ese instante sobre mi adicción a la cafeína y todas sus implicancias alegres. Algo muy concreto es esta pared cubierta con un afiche tremendo de una linda chica de portada de catálogo de cosméticos, hacia la que camino alelado un viernes por la mañana. Algo muy irónico es que me haya estrellado contra esta pared, que haya caminado directamente hasta ella distraído por una chica sentada al lado del pasillo, preciosa sobre una silla mientras escribe en su laptop, y que haya quebrado mi taza y pintado un diseño ocre en la alfombra y que, sentado en el suelo, haya venido la chica que me distrajo, que ella haya resultado ser la misma chica de la portada y el poster en la pared, y que finalmente se haya reído mucho de mí, se haya sonreído y me haya mirado detenidamente unos pocos segundos con sus ojos enormes, probablemente alucinada por mi idiotez.
¿Estás bien?
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