L’AEROFAGIA È UNA DISFUNZIONE DELL’APPARATO DIGERENTE

Mientras anochece en el matadero

Publicado en Uncategorized por Juan Sahumerio en 2 Octubre 2009

La noche está cayendo sobre nuestra Lima múltiples veces centenaria. Ya escucho el ruido de los cuchillos afilándose. Ya puedo ver la Luna enrarecida por la primavera. A través del tiempo y una nube, levemente diluido por el ruido de los autos impactados por la caca de los pájaros, escucho los gritos del Virrey Amat: a través de 4 siglos sus improperios están en catalán y poco los entiendo. Me dirijo a él.

Querido Señor, yo sólo quiero mejorar, o quizás digamos solamente que no quiero empeorar. Acepto que quizás he empeorado con los años, que me he hecho malhumorado y mucho más ridículo, y que inevitablemente, repleto de Inca Kolas y habiendo visto demasiada pornografía amateur, me he hecho al mismo tiempo maligno y burlón, exitoso y galante, amoroso, sensible, imparcial y espaciado, justo y juguetón. Confieso que no he cuidado en absoluto de mis carnes, que he devorado demasiadas veces los alimentos prohibidos y que eso me ha hecho débil. Pero débil he continuado contra todo, a pesar de todo, a pesar de la proliferación de rompe muelles y la humedad del acantilado, destartalado: vapuleado por los profesores de gimnasia e ignorado por las chicas bonitas de la universidad, a pesar de haber odiado tanto a mis amantes, incluso tras haber visto todas las terribles películas que me hicieron comprar. Así, al cabo, creo haber alcanzado una destreza suficiente para el mundo.

Querido Señor, no quiero entonces fracasar. Quisiera acopiar el amor en cualquiera de sus formas, una y otra vez, en porciones continuas o discretas, enormes y también pequeñas. Porque no todos lo saben, pero el amor tiene miles o millones de formas (y el dinero es sólo una). Y por eso mientras viajo por este camino estrecho lo veo todo verde y sólo pienso en usted (que tiene mucho dinero). OK, mentira, no pienso en usted. No puedo pensar más de 8 segundos en usted. Trato de fijarme en usted, en los pelos largos como raíces que emergen de sus fosas nasales y en sus greñas brillantes -que debería lavar-, en cambio pienso en pequeños besos, en pequeños brazos que ocasionalmente engordan y en pequeños cuellos; en labios, finas narices de mujer y en enrojecidas orejas. Ocurre así que acabo pensando en la belleza como en una propiedad perfecta e impropia, ignominiosa, ciertamente una propiedad que usted no guarda y que por tanto debo repudiar.

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La noche está cayendo cada vez más sobre esta costa. Ha reclinado primero su melena roja, ahora su velo púrpura nos cubre. Oscurece cada vez más y los gritos se ahogan en el trayecto de los barcos a la playa como ahogados por el tufo de un dios puto y descansado. Oscurece y oigo los cuchillos afilándose… ¡Ya llega el carnicero! Me dirijo a dios (puto y descansado)

Señor, le confieso que quisiera vivir sumido en el confort, que me he vuelto adicto al confort, que el confort es la cocaína de mi amor. (Me han criado mal en esta casa próspera.) He extrañado un viaje a la playa, una mañana sosegada con el viento del Sur sobre los ojos a través de la ventana del automóvil, despabilando los párpados, un verano con mis padres como aquellos veranos cuando era niño. He extrañado la fotografía que nos tomamos en Epcot Center y esos helados de Chip n’ Dale y esa playa con arenas gruesas en Miami Beach. Ahora sólo quisiera beber vino en los inviernos, ahora sólo puedo comer chocolates belgas sin parar y recordarlo. Quisiera pasear en auto por la misma autopista de entonces, rápido e insolente mientras bebo una cerveza, mareado por ese olor oceánico tan propio del sexo femenino.

Querido Señor, yo quiero amarlo por sobre todas las cosas, pero es muy difícil. Aunque fácilmente podré amarlo sobre mi madre y mi padre, sobre mis hermanos y la Patria, incluso sobre la música de Iggy Pop y el video-arte, encuentro muy difícil ser capaz de quererlo más que a un Mercedes. Sé muy bien que el amor no se encuentra en un Mercedes, pero yo quiero hacer el amor en un Mercedes. Ya lo supo Janis Joplin y ya sabemos todos que ella está con usted. Estoy desamparado, pero aún confío en el secreto que no conozco. Está en sus camisas suaves como párpados de ángel y en su reloj brillante, ¡mucho más brillante que Alfa de Centauro!

El carnicero ha llegado y me mira minuciosamente, se limpia la sangre de la frente y analiza mis curvas, vuelve a afilar el sable. Me dirijo a él.

Querido señor, ¡estoy muriendo! O quizás no estoy muriendo, quizás es sólo que me estoy multiplicando, que me he visto diseccionado y expuesto. ¡Mis carnes no le sirven! Se me está pudriendo la crin: se me están alargando los pies. Cada día parezco tener menos pelo (cada día soy más estable). Aún ebrio ya no me caigo por los suelos. Duermo en las escaleras y no muero: mi gorda billetera hace contrapeso a mis vaivenes. Esta noche he visto a una mujer y no la he deseado. Era suya y yo pensaba en usted. Ok, bueno, quizás no pensaba en usted. Quizás pensaba en una chica con quien me escribo. Usted está muy viejo y sus carnes ya son filetes rancios que no inquietan.

Querido señor, pronto tendré que arrebatarle todo. Antes que lo sepa tendré sus ojos ensartados en mi máscara (y todo su dinero en mi colchón). Perdóname que lo haya molestado con mis suposiciones. Es usted un grandioso Hijo de Puta y no pude contener mi admiración.

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