L’AEROFAGIA È UNA DISFUNZIONE DELL’APPARATO DIGERENTE

Labios ahumados

Publicado en Uncategorized por Juan Sahumerio en 3 Noviembre 2009

Una boca llena de humo es una trampa. Es un peligro, en principio, porque el humo nos asfixia. Pero es también indudablemente una trampa. Queremos esa boca y no sabemos por qué y la perseguimos, todavía sin saber por qué. Tomamos un manhattan, ella toma un mojito y la miramos fijamente. Esos labios arden. Más tarde quizás la besamos, luego si podemos penetramos en ella, nos zambullimos como Phelps en esa boca brumosa y esa boca siniestra, no con poco desparpajo y sí con borbotones de ternura y hasta algún llanto, lentamente nos sahúma. En los mejores casos, después de probarnos, esa boca nos acoge. No son pocos los casos en que inmediatamente o pronto nos escupe.

Luego es una mierda. No porque la boca en si misma sea una mierda. No porque el humo sea una mierda. Ni siquiera porque ser escupido sea efectivamente una mierda. Sólo porque el olor del humo es maravilloso, nos ha impregnado, es delicioso, es intoxicante, porque saber que debe uno quitarse el humor del humo del cuerpo es una mierda, porque lo queremos tener encima para siempre, porque por la puta mierda: cómo nos pudo encantar ese humo y cómo jode saber que ya no será así, al menos nunca más de la misma manera, cómo es insidioso sólo entender que encantará a otros y nunca más a nosotros pues ahora desdeñamos ese humo, hemos perdido esa sensibilidad.

¿Y por qué se llenan las bocas de humo? ¿Dónde, cuándo, cómo, por qué y quién principió esta satánica huevada descomunal, abrasiva y violadora pendejada totalizante? Debo preguntarme eso mientras pienso que todas las mujeres de mi vida han fumado, lo que es decir que todas sus bocas no eran simples bocas sino bocas llenas de humo, así capaces de ocasionar la plenitud etérea y fulminante que suele ser, es y siempre debe ser y nunca no debe ser aunque a veces no ha sido para mí un beso sobre unos labios ahumados.

smokin

José dice que yo atraigo a las cagonas, fatalmente; yo no le creo esta vez y he concluido que atraigo a las que fuman.

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