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Reconozco todavía el vaivén de los vientos que atienden esta playa. Es la primera noche que paso en ella este verano. Reconozco una leguminosa telaraña de brisa: creo todavía que es una legaña empalagosa prendiéndose de los pelos sucios, límpida y meticulosa y empapada en whisky, que nos hace y nos deshace y que eso nos viene bien, para eso hemos venido –nos hemos venido–, no para librarnos de la ciudad, patibularia y cacasena, sino sólo para encontrarnos una vez más con el hedor salobre del mar, amplio y libertario como una concha estremecida.

Pero hoy la situación es distinta, está volcada, ha sido controvertida por la memoria selectiva de los labios. Los labios no estuvieron de nuestro lado. Los labios fueron tan traicioneros como cualquier puta mal pagada, como cualquiera parte de la propia anatomía que ha quedado desatendida. Moraleja: no confíes en tus labios si no han dado besos en mucho tiempo, tampoco confíes en tus ojos, lo mismo tu corazón. Tu corazón es una meretriz presuntuosa, pendenciera, ilusa y al tiempo golosa. Confía tan solo en tu pija. Porque tu pija habla cada noche con Darwin por Skype, habla con él e intercambian secretos. Darwin le ha contado que Dios no tiene cara, que es un agujero al final del túnel, en una recámara blanca, una especie de golfa iluminada y con olor a pez, inmóvil, frígida. Esto es decir que tu pija y sólo ella sabe lo que es necesario para ti. Tu corazón (y que no nos llame ahora la atención su índole colorada) es estúpido. Él sólo quiere lo mejor para ti. Tú –como ya debieras saber– no quieres lo mejor para ti. ¡Piénsatelo bien! Tú sólo quieres lo que tu pija quiere para ti.

Ahora me siento en la arena húmeda. Quiero escuchar tan sólo a mi pija enternecida por la zozobra y reconozco en cambio el vaivén de los vientos que atienden el murmullo de fiestas en terrazas, quiero decir gritos de mujeres en terrazas, quiero describir alharaca de niñas con tetas en terrazas, todas bebiendo chilcanos o capitanes, ya quisiéramos, todas esperando algo que yo no podría volver a darles, he deducido a este tiempo, he creído que no era así, he vuelto a creer que es así de cualquier modo, he dudado cómo podría no ser así, cómo sería si no lo fuera y si fuese exactamente lo opuesto. Lo he ponderado y no me ha parecido posible darles ya ni siquiera cualquier cosa: lo que he hecho antes en cada ocasión. Ya no me parece posible nada salvo besarlas con aquella manera pequeña y dulce que se podría considerar al mismo tiempo ominosa.

Entonces digo ¿existirá el método? Y si es así, ¿cómo mierda descubro el método?

Me ha dicho el salvavidas que esta playa está loca, oscurecida por celos patológicos, el amor de 300 madres espartanas, maldita como la vagina de una charapa adolescente, ante todo preñada. Lo hemos conversado por la tarde en la piscina mientras yo comía tequeños y él cuidaba de las niñas que nadaban. Somos amigos hace más de 10 años. Él me enseñó a entrar en el mar cuando las olas estaban gigantes y uno podía morir. Ahora, mientras observa la delgadez de las pre-púberes acuáticas, le he preguntado quién la preñó, si acaso la preñó él (que se jacta de tenerla de 22cm muertita y, en consecuencia, es un candidato viable para preñar tan grande extensión de arena). Me ha mirado confundido. Me ha dicho que por las mañanas, cuando orina en la orilla antes de que lleguen las primeras niñas a la piscina, los pescadores, que lo observan mear, se acercan y le hacen chistes, le conversan y miran de reojo su sexo, boscoso como un oso. Le han contado historias de perros descomunales que caminan los arenales aledaños a las playas por las noches, devorando chiquillas embobadas y enculando muchachos ebrios. Me ha dicho que en las madrugadas esta playa la surcan perros descomunales, pescadores de hombres y chiquillas, lujuriosos perros de la playa, sin pelo, sin corazón y estrictamente siempre sin condón. Se ha preocupado en apuntar, escueto pero determinante, que a pesar de su malignidad debemos tomar en cuenta que la leche progenitora de esos canes, deglutida como almíbar o utilizada para cortar la leche de pantera, puede revitalizar un hombre, puede volverle los ojos blancos otra vez, la mirada ausente, la vista gorda, las axilas humorosas y peludas, la complexión radiante, los dientes luminosos como choclos sagrados, dientes nada menos que adecuados para morder el cuello de una chiquilla petulante.

Y yo digo ¿dónde carajo quedó la novia, aquella novia mía, para mí, ella que tenía los labios delgados, labios para mí?

Dice mi compañera de camarote que la novia ha muerto, que ella vio el cuerpo entumecido cuando se lo llevo la marea, colorado como la cáscara de una langosta. El salvavidas –mi supuesto amigo– la ha violado sobre la torre de salvavidas mientras los canes vejaban a los huachimanes. Me ha dicho que fue una situación espectacular y peculiar, 5 huachimanes murieron empalados, luego murió la novia, luego eyaculó el salvavidas como si alguien hubiera descubierto una torre de petróleo blanquecino (imaginé cuando me lo contó la cara de Daniel Day Lewis y eso no me sorprendió, confieso que lo admiro a él y que también me gusta Paul Thomas Anderson). Me ha dicho que si bien empezó como normalmente principia una violación, quiso decir a la fuerza y en contra de la opinión del violado, en este caso la novia sólo mantuvo esa actitud un momento, inmediatamente empezó a gemir y se volcó sobre el salvavidas enhiesto, rasgó su vestido, rasgó la breve ropa de baño, se sentó sobre su pija como si fuese un pony mientras él se sentaba en la silla de la torre, gozó del coito como una chancha de mierda aún cuando los huachimanes morían empalados en todas direcciones. Me ha dicho que primero murió Escalera, alto y flaco, el perro ardido lo analizó hasta causarle una hemorragia interna, que segundo murió Mosquito, el que se quería con Fernanda (la chica que trabaja en la casa de los Gómez), atravesado de oído a oído, entonces y tercero murió La Mona, el de la cabellera, el can le partió el recto en 7 secciones idénticas, cuarto murió el Zorro, rápido y libre, ahogado y gimiendo con estridencia mientras un can muy parecido a Winston Churchill le convidaba crayola por la garganta, quinto murió El Ronco, con sus lentes, cuyo dolor rememoraba un berimbau si bien algunos dicen que cantaba una de Miguel de Molina, muy grave, sólo luego la muerte le fue dada a ella, cuando el salvavidas estaba por alcanzar el orgasmo y el éxtasis fue tal que sin quererlo la empujó de la torre y ella cayó de cabeza en la arena seca, se rompió el cuello, pero él continuó masturbándose utilizando su mano lampiña, eyaculó sobre la brisa y el semen chispeó sobre ella justo en el momento en que hacía el misterioso tránsito de mujer a cadáver.

No lo pude creer. Le dije a mi compañera de camarote por la puta madre, ¿qué mierda es el sosiego? Ha quedado silenciosa. Luego he agregado ¿hay que ser fuck buddies?

Esta noche he venido solo a la playa con una botella de whisky. La botella de whisky la he robado del padre de una amiga. La botella se ha terminado. A pesar de todo me ha dado frío. Estoy borracho y mis pies están húmedos y tengo frío. Son las 11 de la noche y estamos sábado y tengo frío y estoy acongojado. La isla se extiende sobre el mar y me parece una gorda preñada. El salvavidas es un huevón (además de un fantoche y un traicionero). Pues la playa no está preñada: es la isla que está preñada. Y quizás la novia, antes de morir, pudo haber quedado preñada también. Tengo frío. Acongojado, he encendido una copia del Esplín de Paris y con ella ilumino mis genitales. Quisiera poder oírlos otra vez. Parece vano intentarlo. Mi pija ha muerto. Quisiera quedarme pero ya es hora de volver a la casa. Debo huir de los perros empaladores, de quienes no podré defenderme con mi pija muerta. Debo huir de ellos como se huye de todo lo que busca el corazón. Es tiempo de cambiarme, ponerme la camisa con puntitos. Es tiempo de salir a bailar nuevas canciones.

Digo ¿por qué la rosa no indica todavía el rumbo a Praga, barrio judío, tumba de Franz Kafka?

Quiero decir ¿por qué a falta de ella sólo tengo esta isla blanca como la panza de una gorda preñada, nevada pero con guano, estacionada como una caca cetácea contra el horizonte renegrido?

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